Fuego y Hielo

Capítulo 17: Parte 6

ALGUIEN ESTÁ BORRANDO SUS HUELLAS

La comisaría había empezado a quedarse en silencio. El silencio de un edificio viejo que se enfría por la noche. No era un silencio absoluto. Siempre quedaban teléfonos sonando a lo lejos, alguna puerta cerrándose, el murmullo de una radio en otro despacho. El zumbido de una fotocopiadora que se había quedado atascada. El goteo de una tubería en el sótano. Pero el ritmo había cambiado. La jornada policial estaba terminando y, poco a poco, el edificio recuperaba esa calma extraña que solo aparecía cuando la mayoría del personal se marchaba. Una calma que olía a café recalentado y a papeles viejos.

En la sala de investigación, sin embargo, la luz de las pantallas seguía encendida. Como un faro en medio de la oscuridad. Cuatro rostros pálidos iluminados solo por el azul de los monitores.

Joe llevaba varios minutos sin hablar, con la mandíbula apretada y con los dedos congelados sobre el teclado. Tenía abiertas distintas versiones de documentos, registros de acceso, movimientos societarios y copias de seguridad. En una de las pantallas aparecía la línea documental de Elliot Parker. En otra, movimientos portuarios. En otra, una secuencia relacionada con 2014. Y en el centro de todo seguía apareciendo aquel código de seis dígitos. Seis números que parecían mirarlos fijamente desde la pantalla.

—Esperad —dijo finalmente, con la voz ronca, casi un susurro que heló la sangre.

Hannah se acercó, rápido, con el corazón acelerado. Alex hizo lo mismo, dejando su taza de café frío sobre la mesa con un golpe seco. Michael dejó la carpeta que estaba revisando. Joe dividió la pantalla en dos. Dos columnas idénticas que ya no lo eran.

—Esta es la copia que guardamos antes —señaló la primera versión. Después abrió la segunda—. Y esta es la que aparece ahora.

Hannah frunció ligeramente el ceño. Se inclinó tanto que su pelo casi rozó la pantalla.

Una referencia había desaparecido. Otra había sido sustituida. Y una fecha no coincidía exactamente.

—¿Cuándo se modificó? —preguntó, con voz tensa.

Joe señaló una marca temporal, en rojo.

—Después de que empezáramos a consultar esta línea. Diecisiete minutos después de nuestra búsqueda. Alguien nos estaba mirando mientras mirábamos.

Nadie habló durante un segundo. Un segundo que se hizo eterno. Se oyó la respiración contenida de los cuatro. Alex fue el primero en romper el silencio, con la voz baja y peligrosa.

—¿Puede ser una actualización normal?

—Puede —respondió Joe—. Por eso es lo primero que estoy comprobando. Porque si no lo es, significa que alguien dentro tiene acceso y está limpiando.

No había dramatismo en su voz. Solo concentración. Una concentración que daba más miedo que cualquier grito.

Abrió los registros técnicos. Revisó las actualizaciones automáticas, los procesos de sincronización, los cambios administrativos y las tareas programadas. Nada explicaba aquella modificación concreta. Nada encajaba. Era una anomalía limpia, quirúrgica, intencional.

—No me encaja —murmuró, con rabia contenida.

Michael se acercó, con los brazos cruzados, con el ceño tan fruncido que parecía una cicatriz.

—¿Qué parte?

—La sustitución de la referencia. Si fuera una actualización automática, debería afectar también a otros campos. Aquí solo han cambiado determinados datos. Han borrado justo lo que nos interesa. Solo eso. Como si supieran exactamente qué estamos buscando.

Hannah observó la pantalla, con los labios entreabiertos, con el instinto policial gritándole que aquello era grave.

—Compruébalo con otra copia.

Joe abrió un segundo respaldo. Uno que había guardado en su disco externo personal, sin subir a la red. La referencia original seguía allí.

—Tenemos una copia anterior —dijo, con alivio y miedo a la vez—. Eso nos permite demostrar que el cambio es posterior. Que alguien ha manipulado la base de datos central después.

Alex señaló la pantalla, con el dedo temblando de tensión.

—Entonces el hecho es el cambio.

—Sí.

—El indicio es que se produjo después de nuestra consulta.

Joe asintió, pálido.

—Y la hipótesis...

Hannah terminó la frase, con voz helada:

—Que alguien pudo haber reaccionado a nuestra investigación. Que nos están siguiendo los pasos en tiempo real.

Michael cruzó los brazos, mirando hacia la puerta cerrada de la sala como si esperara que alguien entrara.

—¿Y la comprobación?

Joe lo miró.

—Todavía está pendiente.

La respuesta fue sencilla. Y precisamente por eso nadie intentó añadir nada. Porque añadir algo sería convertir el miedo en una certeza, y no podían permitírselo.

Joe continuó buscando con sus dedos que volaban sobre el teclado, con el sudor en la frente a pesar del frío del edificio.

Cinco minutos después encontró otro documento. Otro registro tocado.

—Tenemos una segunda modificación.

Esta vez pertenecía a la misma línea documental relacionada con Parker, pero no había sido modificada desde la misma cuenta.

Alex se inclinó hacia la pantalla, con los ojos muy abiertos.

—¿Es el mismo usuario?

—No. Otra cuenta. Con permisos de administrador.

Hannah permaneció pensativa, con una chispa de pánico e intriga en los ojos.

—Eso descarta una explicación demasiado simple.

—Sí —respondió Joe—. Pero no significa que las dos modificaciones estén relacionadas.

Otra vez. Otra separación necesaria entre lo que parecía encajar y lo que realmente podían demostrar. Otra vez el método salvándoles de caer en la paranoia.

Joe siguió. Una tercera modificación apareció en un registro relacionado con los movimientos portuarios. La versión anterior todavía podía recuperarse parcialmente. Joe la guardó. Después guardó otra copia. La duplicó tres veces, en tres sitios distintos, como si temiera que fueran a borrarla delante de sus narices.

—A partir de ahora, todo lo que toquemos se duplica antes de analizarlo.




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