Fuego y Hielo

Capítulo 17: Parte 8

EL ENCUENTRO

La feria seguía girando a su alrededor. Vertiginosa, chillona, con olor a azúcar quemado y a gasoil de generadores.

Las luces de las atracciones se reflejaban en los ojos de Connor mientras el niño regresaba hacia ellos con una pequeña pulsera luminosa alrededor de la muñeca y una expresión de absoluta satisfacción.

—¡Mirad lo que me han dado!

Alex se agachó para verla.

—Eso es tecnología punta, Primer Oficial.

Connor levantó la muñeca.

—Se enciende.

—Ya lo he visto.

—Pero mira.

La agitó con tanta energía que la luz volvió a parpadear. Hannah soltó una carcajada.

—Creo que quiere enseñártela otra vez.

—Creo que quiere asegurarse de que la veo —respondió Alex.

Connor sonrió, satisfecho con el resultado. Hannah le apartó un mechón de la frente.

—¿Te lo has pasado bien?

—Muchísimo. Y todavía quiero subir a tres cosas.

Alex abrió los ojos.

—¿Tres?

—Sí.

—¿Y quién paga?

Connor señaló a Alex con absoluta tranquilidad.

—Tú.

Hannah se echó a reír.

—Me parece que tu Primer Oficial ha entendido perfectamente cómo funciona esto.

Alex negó con la cabeza, divertido.

—Esto empieza a parecer un motín.

Connor se adelantó unos pasos. Y entonces Hannah dejó de sonreír.

No fue algo evidente. Apenas un cambio en la mirada. Una tensión pequeña en los hombros. Una respiración que se detuvo durante una fracción de segundo. Un temblor casi imperceptible en la mano que sostenía la de Alex.

Alex lo percibió antes incluso de saber qué había ocurrido. Su cuerpo se tensó al instante, como un resorte. Siguió la dirección de sus ojos.

Al otro lado del paseo, entre dos puestos de comida, bajo una bombilla amarillenta que parpadeaba, estaba Ian Sullivan. Y no estaba solo. A su lado caminaba Amanda Swanson.

Amanda fue la primera en reconocerlos. Su rostro se iluminó con una sonrisa espontánea y levantó una mano para saludar. Ian, en cambio, permaneció quieto un instante. Observándolos a los tres. No a Hannah solamente.

Amanda siguió la mirada de Ian y sintió una incomodidad que no supo explicar. Ella conocía aquella expresión. No porque supiera exactamente qué significaba, sino porque llevaba suficiente tiempo alrededor de Ian para distinguir cuándo estaba simplemente mirando y cuándo estaba intentando averiguar algo. Y ahora estaba cazando.

Amanda lo siguió, confundida.

Hannah respiró despacio, como si se preparara para un golpe. Alex no se colocó delante de ella. Se quedó a su lado. Fue un movimiento casi imperceptible, pero Hannah lo notó. En otro momento de su vida, Alex habría intentado interponerse. Ahora no. Ahora estaba allí, con ella. No delante. A su lado. Hombro con hombro.

Connor también había visto a Ian. Miró a su madre y después a Alex y finalmente al hombre que se acercaba.

No le gustaba aquella mirada de Hannah, pero reconoció algo sencillo: aquel hombre hacía que su madre estuviera más seria. Y que Alex se pusiera rígido.

Connor se acercó un poco más. Primero tomó la mano de Alex. Después buscó la de Hannah. Y se quedó entre ambos.

Alex bajó la mirada hacia él. Una sonrisa pequeña apareció en su rostro.

—¿Todo bien, Primer Oficial?

—Sí.

Connor no soltó sus manos. Amanda llegó primero.

—¡Hannah!

La sonrisa que le dedicó fue genuina.

—Qué sorpresa encontrarte aquí.

—La feria —respondió Hannah—. Es difícil escapar de ella —su voz sonó tensa, cortante, forzada.

Amanda rió.

—Eso desde luego —después miró a Alex—. Alex.

Él sonrió, pero sin llegarle la sonrisa a los ojos.

—Amanda.

No había tensión entre ellos. Nunca la había habido. Amanda seguía siendo amable con él, incluso afectuosa dentro de la confianza que tenían.

—Me alegra verte —dijo ella—. Hace tiempo que no coincidíamos.

—También me alegro de verte.

Ian llegó junto a ella.

—Hannah.

—Ian.

El saludo fue correcto. Frío, pero correcto. Dos palabras que contenían años de historia tóxica.

Ian dirigió después la mirada hacia Alex.

—Mallory.

—Sullivan.

Y entonces miró a Connor. Y todo cambió. Fue apenas un segundo. Quizá menos. Pero Amanda lo vio. La mirada de Ian cambió. No fue sorpresa. Tampoco simple curiosidad. Fue una atención demasiado concentrada, demasiado familiar, demasiado posesiva para alguien que acababa de encontrarse casualmente con un niño.

Amanda frunció ligeramente el ceño. Ian sonrió con esa sonrisa que usaba cuando quería marcar territorio.

—Hola, campeón. ¿Te acuerdas de mí? —dijo Ian, agachándose ligeramente hacia Connor, como si tuviera derecho.

El niño asintió, incómodo, pegándose más a Alex y a Hannah.

—Sí.

—Has crecido mucho desde la última vez —continuó Ian, con voz de falso cariño—. Te vi hace dos semanas en el partido, ¿no te acuerdas? Me saludaste.

Hannah se tensó. Visiblemente. Con la mandíbula apretada hasta el dolor. Porque Ian estaba al acecho de su hijo.

Alex lo notó. Sintió cómo la mano de Hannah se helaba entre la suya. Y sintió algo primitivo y peligroso subiéndole por el pecho: celos, rabia, protección.

Connor, en cambio, respondió con naturalidad, pero escondiéndose detrás del brazo de Alex.

—Yo también he oído hablar de mucha gente.

Alex tuvo que contener una sonrisa. Y tuvo que contenerse para no apartar a Ian de un empujón.

Amanda soltó una pequeña carcajada, nerviosa.

—Me parece que te ha salido respondón.

—Solo cuando hace falta —dijo Connor, mirando a Ian con desconfianza infantil.

Ian volvió a mirar a Alex. Después al niño. Comparándolos. Escaneándolos. Con una sonrisa que no era sonrisa.

Amanda siguió el recorrido de sus ojos. Algo no encajaba. No sabía el qué. Pero no era normal. Ian parecía estar comparando cosas. Midiendo. Calculando.

—¿Así que ahora eres el famoso Primer Oficial? —preguntó Ian, dirigiéndose a Connor pero mirando fijamente a Alex, con provocación.




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